Revista Digital Número 13 / Enero 2010
María Lapachet
Mira es peor que el perro del hortelano. Un año ha tenido para mirarle a la cara e invitarle a un café. Un año largo. Y no ha dicho nada hasta que no ha visto a Naomi feliz y contenta con Sheena. Desde que las vio juntas, Mira se ha relajado y le manda a Naomi emails de más de una línea pero ni siquiera ahora puede ser sincera y decirle a las claras lo que quiere.
Sheena es simpática, responsable, le mima, se preocupa por ella, tiene un estilo de vida sano, no fuma ni bebe, folla mediamente bien, no se pierde una fiesta, va a reuniones de alcohólicos anónimos y siempre tiene algo en la agenda. Mira es todo lo contrario: creativa, inteligente, vieja, arrugada como una pasa, con sobrepeso, pelo canoso, arisca, antisocial... Naomi cada vez se las busca más raras y complicadas.
La semana pasada, en el baile de gala anual de la Sociedad Butch Femme de Manhattan, Mira tuvo los ovarios de acercarse a Sheena y preguntarle... no le preguntó, simplemente le informó de que pensaba cobrarse el baile que Naomi le debía. Fue una noche rara. Mira y Naomi no llegaron a bailar porque a Naomi le dio vergüenza ir a buscarla siendo ella la femme y porque la música era una mierda. Al día siguiente apenas se dirigieron la palabra en una comida que ponía fin a los actos de ese fin de semana. Esa noche Naomi le mandó las fotografías de la fiesta diciéndole que sentía no haber bailado con ella pero la música no le gustaba y cuando la cambiaron Mira ya se había ido. Mira le respondió diciéndole que efectivamente todavía le debía un baile, que la noche anterior se había cansado de esperar y decidió irse.
Desde entonces Naomi no ha vuelto a saber nada de ella y se sube por las paredes. A ratos piensa que Mira quiere estar con ella. Se convence a sí misma de que el interés que tiene en ver las radiografías de Sheena y en que Sheena siga el tratamiento que le ha mandado por email con nombre detallados de seis vitaminas y medicinas con dosis exactas es para matarla y estar así con ella. A ratos piensa que para Mira ella es sólo un juego. Mira es el tipo de mujer al que le emociona ir detrás de su presa. Seguro que le infla el ego saber que Naomi está con otra y ella aún puede jugar con su mente y puede hacer que se enamore de ella hasta las trancas - aunque para eso Mira quizá llegue un poco tarde porque Naomi se enamoró de ella la primera vez que la vio en un restaurante etíope.
Naomi sabe que Mira no iría con ella ni a la vuelta de la esquina y Sheena dice que la quiere. Las mujeres como Naomi han nacido para ser adoradas por seres inferiores. Eso no lo dice Sheena. Eso se lo dice Naomi a sí misma mientras busca la marca de helado que le gusta en los frigoríficos industriales del supermercado que hay cerca del edificio donde trabaja. Naomi nació para inspirar y hacer que la gente se transforme para alcanzar sus sueños. Por el camino ella se va cansando de esas personas o quizá lo que le mata es la rutina y acaba alejándose. Naomi cree que Sheena no está enamorada de ella sino de la forma en la que le hace sentir. Con ella, Sheena va a tener más fácil encajar en el círculo de lesbianas de la ciudad donde vive y en Nueva York. Naomi piensa que Sheena, consciente o inconscientemente, piensa que como la gente a ella la quiere, automáticamente a Sheena van a recibirla con los brazos abiertos.
Sheena no se cansa de decirle que la quiere, que la pone caliente, que la necesita... Naomi tiene un miedo patológico a la gente que la necesita. Ha oído muchas veces la misma canción: te necesito, sin ti no soy nada, si me dejas me mato... Es demasiado pronto para que Sheena la necesite y, si es algo más que una forma de hablar, Naomi no quiere volver a caer en eso. Ha tenido su ración de relaciones donde la han necesitado y le ha costado la misma vida salir de ellas. Naomi no es una Madre Teresa. Le costó librarse de su primera novia casi cinco años. No quiere ser una madre sustituta para Sheena ni para nadie más. Ni madre, ni psicóloga, ni sexóloga, ni profesora, ni paño de lágrimas ni nada.
[Fin]
Escritora, feminista, activista de los derechos de la mujer y la comunidad LGBT, María Lapachet (Córdoba, 1978) reside en Nueva York donde colabora con el periódico The Indie y prepara la presentación del libro Historias de Nueva York y las plaquettes My imaginary girlfriend y Happy Now.
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