Revista Digital Número 13 / Enero 2010
Me pregunto cuándo nos hicimos mayores. Me lo pregunto ahora que en todo veo una cuesta arriba, y no, un prado lleno de oportunidades como antes. Dónde está nuestra ilusión y nuestras ganas de crear cosas nuevas.
Esta crisis que nos azota, desgraciadamente, nos ha envejecido. Como si el dinero fuera el único medio para pasarlo bien o emprender proyectos.
Aún recuerdo con añoranza aquella vez hace ya unos años en que junto a unos/as amigos/as me fui de acampada en autobús. ¿Por qué en autobús? Pues porque la única amiga que tenía coche, lo tenía en el taller, y aquél fin de semana nos apetecía ir de acampada. Y fuimos. Con dos tiendas de campaña, una bombilla, un par de toallas (una sobre la que apoyarte y otra para taparte) y un ruidoso parchís. Y siempre recordamos y recordaremos ese fin de semana. Esas hazañas son las que se pegan a la retina.
O cuando ahorré dos años junto con dos amigas para irnos de vacaciones a Benidorm… eran otros tiempos. Otros tiempos en los que la improvisación y la genialidad superaban a los medios.
Pero hoy en día parece que si no es a "tutti plein" no sabemos hacer nada, que si en verano no podemos pagarnos las "vacaciones de tu vida", esa vida es una mierda. Que si no podemos salir a cenar todos los fines de semana no tenemos vida social. También recuerdo, yo y mucha gente, cuando tenías que elegir entre cenar fuera y no hacer botellón o cenar en tu casa y hacer botellón. Y eso que el botellón, conste, siempre ha sido la opción más barata. Y tu vida social no se resentía. Y eras feliz. Y tenías los horarios y tarifas de todos los trenes y autobuses de la región. Y si hacía falta te enganchabas a cenar a casa de alguien. Y no pasaba nada si la comida era un plato de macarrones con tomate. Tú tenías lleno el estómago y habías echado un buen rato.
Pero no, ahora necesitamos que alguien prepare la comida por nosotros, un medio de transporte que no te exija andar más de dos minutos y ropa nueva cada temporada. Cuando lo que importa es pasarlo bien con mucho y con poco, pero con amigos con los que reírse. Aún hay gente que me pregunta, ¿y en autobús vas a venir? Pues sí. Es barato y hoy en día te llevan a todas partes. Y lo mejor de todo es que puedes ir leyendo, escuchando música, charlando y todo despreocupadamente, sin prisas y sin que te multen (a menos que no pagues, claro).
Todos estos "lujos" que hoy en día nos permitimos los achaco a la edad, a que nos hacemos mayores, pero no en la piel, o no solamente, sino de pensamiento. Nos imponemos a nosotros mismos un modo de vida, al que nos habremos acostumbrado, que no nos deja ver todas las posibilidades. Como si ya no fuéramos capaces de improvisar, de innovar y de conseguir lo que queremos poco a poco y no a golpe de talonario.
Espero que el dinero y esa vejez no nos quite lo poco que no habremos vendido, y es nuestra capacidad de sonreír y de "vivir" todo aquello que nos encontremos. Un poco de "carpe diem" no nos vendría mal también ahora.
Emma Greeny