Les Pensantes

Revista Digital Número 12 / Noviembre 2009  Eloise Barry

  Revista Digital Número 12 / Noviembre 2009

La ética de la cesta de la compra

Diciembre de 2009

Hace unas semanas, un amigo nos comentaba lo nefasto que resultaba para la economía que los consumidores comprásemos cada vez más las famosas "marcas blancas". Ignoro cómo se llamarán en otros países, pero aquí las "marcas blancas" son aquellos productos sin marca conocida, que vienen etiquetados con el sello del establecimiento que lo vende. Por poner unos ejemplos, comprar de "marca blanca" sería llevarse a casa una lata de puré de tomate "Gigante", unos yogures "Carrefour" o un café soluble "Intermarché".

Decía mi amigo que desterrar las marcas comerciales de prestigio de nuestros carritos hace que se pierdan puestos de trabajo; que las empresas fabriquen productos de peor calidad para etiquetarlos como "marca blanca" y que en general, el estándar de calidad de lo que consumimos vaya a peor, porque siempre habrá algún sitio donde "lo vendan más barato". Todo ello encadenado dentro de un círculo vicioso que hará que a medio plazo tengamos menos capacidad de elección cuando vayamos a llenar nuestra despensa.

Este tema siempre me pareció delicado. Entiendo todos los razonamientos de mi amigo, pero a la hora de la verdad, prefiero que veinte euros me cundan para toda la semana, a llevarme sólo tres o cuatro cosas o tener que gastarme el doble. En mi momento me fastidió que la responsabilidad de que se perdieran puestos de trabajo o de que dentro de unos años no hayan más que marcas blancas en supermercados medianos recaiga en mis (¡nuestras!) manos. Entre otras cosas, porque mi bolsillo también está en crisis. No he sido yo tampoco la que se ha puesto a jugar al aprendiz de brujo con los ahorros ajenos, ni ha ido asentándose a base de ladrillazos, sobre un colchón de billetes de Monopoly. Pero sea como sea, a quienes nos exigen tirar del carro para salir de la crisis es a las currantas y peonas de esta partida de ajedrez.

Sin embargo, mal que me pese, tengo que darle la razón a mi amigo. Conozco barrios donde el nivel adquisitivo es bastante bajo y todas las marcas reconocidas han sido sustituidas por marcas blancas; en esta ocasión, de ínfima calidad, de manera que los vecinos que quieren comprar un lavavajillas o un champú concreto tiene que desplazarse en coche o autobús a un centro comercial más grande donde los oferten, haciendo de paso, la compra del mes. También es cierto que las trabajadoras de aquellas marcas de prestigio tienen la espada de Damocles suspendida sobre sus cabezas en forma de reportes mensuales, estadísticas y estudios de mercado. Algo tan impersonal como "nuestras ventas han bajado un 6% este mes" quiere decir que "nosotras" no les hemos escogido a "ellos" y que en consecuencia, ya se habrán puesto en marcha protocolos para mandar a la calle a unas cuantas familias.

Ante esta perspectiva, yo me niego a recoger toda la tarta de culpa que me "correspondería". Entre otras razones, porque está en manos de los jefazos y de los que correspondan, idear planes y estrategias para que sigamos consumiendo sus productos… cambiar los formatos para que salga a cuenta comprarlos; ofrecer bonos de ahorro, hacer promociones… y reducir sus márgenes de beneficios. No me refiero a aquellas pequeñas y medianas empresas que se las ven y se las desean para pagar nóminas a final de mes. Me refiero a aquellas mastodónticas empresas con diversos ramales por todo el mundo, cuyos altos cargos tienen contratos blindados y nóminas de muchos ceros.

Ante esta perspectiva, poco o nada podemos hacer, salvo capear el temporal como podamos y echar mano de nuestro ingenio. Por fortuna, también conozco casos de familias que se juntan para hacer la compra del mes en economatos para hostelería; que hay iniciativas como las de algunas cooperativas de agricultores que te abastecen de frutas y verduras de temporada por un módico precio (hace un año eran treinta euros al mes), sin intermediarios y a domicilio. Aún no está muy extendido el uso del "banco del tiempo", pero quizás sería una buena idea organizar uno en tu localidad. Quizás sea un poco tarde para adelantar las compras de Navidad y sus pantagruélicos gastos, sin embargo, siempre se puede ir congelando lo que necesitemos y echar mano de buenos consejos para que la comida no pierda sus propiedades (congelar el marisco fresco envuelto en un paño húmedo evita que coja textura de porexpán cuando lo descongeléis).

Mano en el bolsillo o en el corazón; ante todo, hay que esperar a que el 2010 sea mejor que este año que se va… felices fiestas para todas.

Eloise Barry

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